La oración para que sea infalible requiere cuatro condiciones. P RIMERA: Para sí mismo. La razón es porque la concesión de una gracia divina exige siempre un sujeto dispuesto, y el prójimo puede no estarlo. No queremos decir que la oración por los demás sea ineficaz. Por el contrario, de hecho se obtiene muchísimas veces lo que pide por otros. Pero no podemos tener seguridad infalible de ello por no constarnos con certeza las disposiciones de nuestro prójimo. SEGUNDA: Pide que la gracia sea necesaria para tu salvación. En este sentido, podemos pedir o implorar una gracia con encarecimiento y ahínco por vía de oración, por ejemplo, las gracias actuales eficaces para no caer en pecado grave. TERCERO: Ora piadosamente. Humildad: Dios resiste a los soberbios, pero a los humildes da la gracia. Firme confianza: Pero pida con fe, sin vacilar en nada, el Señor solía exigir esta confianza firme antes de conceder una gracia o hacer un milagro. En nombre de Cristo: “Cuanto pidiereis al Padre os lo dará en mi nombre”. Atención: la distracción voluntaria es una irreverencia que se compagina mal con la petición de una limosna. CUARTO: Con perseverancia. El Señor inculcó repetidamente en el Evangelio la necesidad de perseverar en la oración hasta obtener lo que pedimos. Estas son las condiciones para la eficacia infalible de la oración. De hecho, en la práctica obtenemos muchísimas cosas de Dios sin reunir todas estas condiciones por un efecto sobreabundante de la misericordia divina. Pero, reuniendo esas condiciones, obtendríamos infaliblemente – por la promesa divina - incluso aquellas gracias que nadie absolutamente puede merecer. Fuente: Santo Tomás
LA INFALIBILIDAD DE LA ORACIÓN

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