SUMARIO: I. Visión global de los tres bloques : a) Mateo y Marcos; b) Lucas y Hechos; c) El cuarto evangelio. II. El misterio de Jesús visto desde el Espíritu Santo . 1. El Espíritu Paráclito en cuanto "otro" Jesús: a) El Paráclito es dado por el Padre; b) Permanencia del Paráclito con los discípulos; c) Incomprensión del Paráclito por el mundo; d) La experiencia del Espíritu Paráclito; e) El contexto del proverbio. 2. El Espíritu Paráclito como "Maestro": a) Visión retrospectiva y futura; b) Dos épocas; c) Las dos épocas se fusionan en una; d) La "enseñanza" y el "recuerdo"; e) El "recuerdo" del Paráclito como realidad viva y vivificadora; f) El Paráclito enviado "en mi nombre". 3. El Paráclito en cuanto "testigo": a) El Espíritu Paráclito enviado por Jesús; b) El doble proceso; c) El Paráclito procede del Padre; d) El testimonio de los discípulos. 4. El Espíritu Paráclito como "juez": a) Retorno de Jesús al Padre; b) La palabra y su interpretación; c) El Paráclito demostrará los errores del mundo. 5. El Espíritu Paráclito como Revelador: a) Jesús es el Revelador; b) Distintos niveles de la revelación; c) La perspectiva del futuro; d) La verdad completa; e) La tarea específica del Paráclito; f) Realidad divina y percepción humana. 6. Síntesis final. Para la primitiva comunidad cristiana, el Espíritu Santo fue antes una realidad viva, un dato de experiencia, que un objeto de exposición doctrinal. Y, en principio, el N. T. se mantiene fiel a la concepción fundamental del Antiguo: el Espíritu Santo es la realidad divina presente y operante. Indica la acción de Dios en el hombre. Esta acción de Dios no queda enmarcada dentro de la acción general de Dios en el mundo o en la historia. Se refiere, más bien, a una acción extraordinaria que irrumpe en la historia. Y esta acción extraordinaria indica que ha comenzado el tiempo escatológico. Durante este tiempo escatológico, el último, el tiempo en el que nosotros vivimos, cada uno de los autores o bloques del N. T. indican con rasgos distintos la acción del Espíritu. 1. VISIÓN GLOBAL DE LOS TRES BLOQUES a)   Mateo   y   Marcos. - El punto de partida en Mateo y Marcos, en orden a poder comprender su actitud y manifestaciones sobre el Espíritu Santo, es el siguiente: La acción escatológica de Dios se hizo presente en Jesucristo. Por tanto, las afirmaciones de estos dos evangelistas sobre el Espíritu tienen carácter funcional, es decir, no tratan de afirmar o definir algo sobre el Espíritu Santo, sino sobre Cristo; tienen una función, por tanto cristológica. Pretenden afirmar que Jesús de Nazaret es el fin, el último estadio o fase, la meta última de los caminos de Dios; que el ésjaton, lo último, se ha hecho ya realidad en él. Siguiendo la pauta del judaísmo, según la cual el Espíritu se había apagado desde la muerte de los grandes profetas, el Espíritu volvería a aparecer en los tiempos últimos. Y apareció en él, en Jesucristo. En esta afirmación todo el N. T. es unánime. Jesucristo es el poder de Dios, el que únicamente es capaz de dar al hombre el poder actuar por encima de las potencialidades humanas. Precisamente por eso: Comete un pecado imperdonable aquel que no reconoce al Espíritu de Dios en Jesús, en las expulsiones que hacía de los demonios y, por el contrario, las atribuye al poder del diablo (Mc 3, 28-30). En cambio, la señal definitiva de que ya ha llegado el reino de Dios es la acción del Espíritu en Jesús. Afirmación que se hace también a propósito de la expulsión de los demonios por Jesús (Mt 12, 28). La donación del Espíritu distingue a Jesús del Bautista (Mc 1, 8-9). Este administra un bautismo de penitencia, símbolo de la conversión moral. Es la preparación de los tiempos mesiánicos que inaugura Jesús con su Espíritu. Su bautismo es el bautismo del Espíritu. La venida del Espíritu marca a Jesús como el salvador escatológico (Mc 1, 10-11), al descender el Espíritu sobre él con ocasión del bautismo. Recuérdese que el A. T. había anunciado que el Mesías sería el portador del Espíritu. Un dato tanto más importante cuanto que se había generalizado la convicción de que el Espíritu Santo había dejado de manifestarse. La presencia actual del Espíritu indicaba, por tanto, el comienzo de un tiempo nuevo. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, donde, como un segundo Adán (1 Cor 15, 45-47), supera la tentación a la que sucumbió el primer Adán (Mc 1, 12). Jesús enviará el Espíritu a los discípulos perseguidos (Mc 13, 11 y par.). Este es un dato muy importante. De él se deduce que el Espíritu no es considerado como una realidad perteneciente al pasado. El Espíritu Santo es el poder de Dios presente y actuante. Es el don que Jesús concede y gracias al cual la ayuda divina se hace presente y asiste al creyente en los momentos difíciles y en los últimos, iniciados con la aparición de Jesús en nuestra historia. Resumiendo, diríamos que en Mateo y Marcos, de forma general, el Espíritu Santo está en la misma línea del A. T.: el Espíritu Santo es el poder extraordinario de Yahvé puesto en acción. Es el mismo Espíritu aplicado y actuando en la persona y en la obra de Jesús. Pensemos, a modo de ejemplo, en el relato de la concepción virginal (Mt 1, 18-20), se niega una paternidad humana para afirmar que su venida al mundo es la obra del poder salvífico de Dios, frecuentemente mencionado en el A. T. Dios actúa en Jesús y por Jesús. Más aún: Jesús es la presencia y actuación misma de Dios. Así, la concepción virginal de Jesús por obra y gracia del Espíritu Santo expresa la acción creadora de Dios, de ese Dios que es el autor de la vida y que es quien crea la vida de ese niño excepcional. En relación con el Espíritu Santo tiene Mateo un texto extraordinariamente importante: "Id, pues, y haced discípulos a todos los hombres, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28, 19). Fuera de este texto, difícilmente podría hablarse del Espíritu Santo como un ser "personal" en estos dos primeros evangelios. Sin duda alguna que, al mencionar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo bajo el denominador común de "el nombre", se intenta destacar la personalidad propia de cada uno. El Espíritu Santo sería una persona distinta frente al Padre y al Hijo. Pero nótese que este texto de Mateo representa -como frecuentemente ocurre en este evangelista- una fórmula ya evolucionada de la fe cristiana. Aquí nos encontramos con una fórmula bautismal. Concluiríamos este primer apartado diciendo que ni Mateo ni Marcos son especialistas en este artículo de fe. Transmiten, simplemente, la herencia recibida y, naturalmente, escriben sus evangelios desde la convicción de la presencia del Espíritu en Jesús y en la Iglesia. b)   Lucas   y   Hechos.   El verdadero campeón del Espíritu Santo en los evangelios sinópticos es Lucas, sobre todo en el libro de los Hechos (precisamente por eso nos hemos decidido a utilizarlo aquí). La segunda obra de Lucas ha sido justamente llamada "el libro del Espíritu". Para proceder con la lógica debida distinguiremos las dos obras de Lucas, el evangelio y el libro de los Hechos: 1º) Ya en su evangelio aparecen rasgos característicos que suponen un avance importante frente a Marcos y Mateo. No se limita a considerar al Espíritu como una fuerza divina que cae sobre el hombre. Jesús no es sólo un "objeto" en el que actúa el Espíritu de Dios. Nacido del Espiritu, Jesús es al mismo tiempo el posesor del Espíritu. El nacimiento de Jesús fue cuidadosamente preparado por el Espíritu. Así nos lo dice la anticipación que se hace de su precursor. El Espíritu está ya en acción en él. Y los cantos-himnos que celebran su nacimiento son inspirados por el Espíritu Santo. En su bautismo aparece la declaración solemne de su filiación divina: "tú eres mi Hijo". Pero con la peculiaridad de que se está citando a Isaías en un texto en el que se dice "sobre él he puesto mi Espíritu" (Is 42, 1). El discurso programático de Jesús en la sinagoga de Nazaret gira en torno a esta expresión: El Espíritu del Señor está sobre mí. Y, sin repetirlo más veces, Lucas afirma claramente que el Espíritu acompañó a Jesús toda su vida, como lo recuerda el libro de los Hechos: "Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder" (Hch 10, 38). Este Espíritu de Dios llega, a través de Jesús, a la comunidad cristiana. Y llega a ella no sólo como un poder autónomo que actúa de forma pasajera y cae sobre ella, sino como un principio dinámico que impregna toda la existencia cristiana, que está dentro de ella y, por otra parte, tan por encima de ella como lo está Dios del hombre. El Espíritu Santo actúa como un poder o fuerza de Dios para hacer capaz al hombre de dar testimonio, el testimonio adecuado, sobre Jesús (Lc 12, 10-12). Lucas relaciona así al Espíritu Santo con el Espíritu de profecía. Lucas considera al Espíritu Santo como el don de Dios por excelencia (Lc 11, 33, que debe compararse con el texto paralelo de Mt 7, 11: donde el texto de Mateo habla de que Dios dará "cosas buenas" a los que acuden a él, Lucas sustituye las cosas buenas por "el Espíritu Santo").

CONTACTO

Plaza de San Lorenzo, 5 | CÓRDOBA 14002 Teléfono: (957) 47 62 49| Email: sanlorenzomartir.cordoba@gmail.com
Copyright © 2020 Real parroquia San Lorenzo Mártir de Córdoba
LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITU SANTO LOS SIETE DONES DEL ESPÍRITU SANTO 03 02 01 04 05 >I