DE PASIÓN TITULARES: Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas y Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas HISTORIA La Hermandad del Remedio de Ánimas tiene sus orígenes en los albores del siglo XVI, estando directamente relacionada con la hermandad sacramental que se encontraba en la Parroquia de San Lorenzo, allá por 1537. Principalmente, la función fundacional de esta misma hermandad está en que las almas del purgatorio recibiesen culto y estuvieran impregnadas de oraciones por los fieles. En este sentido, hay que destacar que el dogma de la existencia del Purgatorio, fue aprobado por la Santa Sede, tomando fuerza sobre todo a partir del Concilio de Trento, en el que de manera más que firme se apostó por el rezo a estas almas perdidas. La fusión entre la primitiva hermandad de Ánimas y la Hermandad Sacramental de la Parroquial de San Lorenzo, hicieron que esta corporación adquiriese un carácter totalmente sacramental, apostando por la adoración al Santísimo Sacramento, unido al rezo del Purgatorio, que en conjunto formaron una de las hermandades más importantes de la Córdoba de la Edad Moderna, ya que gracias a su trabajo, también se propició a la conservación de la propia iglesia fernandina a través de las donaciones de los fieles, y también abogó por el verdadero sentido que tenía la adoración al Santísimo, es decir, no sólo prestarle fervor al Altísimo, si no llevar a los que más los necesitan esa fuerza espiritual que Cristo impregnó en su Sagrada Forma, por tanto la evangelización era parte fundamental dentro de esto. Un hecho importante en el ámbito histórico de la misma, es la aprobación oficial de sus estatutos por parte del obispo fray Pedro de Salazar y Rojas, conocido como el Cardenal Salazar, el cual en 1690 verifica su nuevo reglamento, tomando como titular al Santísimo Cristo de los Remedios. Esta hermandad de Ánimas provenía de la ermita de Nuestra Señora de las Montañas, que se encontraba en la misma feligresía de San Lorenzo. Con la llegada del siglo XIX, todo este auge que tuvo la corporación comenzó a tener un decaimiento debido a las conocidas desamortizaciones decimonónicas, perdiendo fuerza su papel como hermandad, quedando totalmente extinguida. Aunque hubo algo que no desapareció de manera definitiva, la devoción al Santísimo Cristo de Ánimas, que a pesar de haber perdido la cofradía, jamás se abandonó o descuidó la veneración al Crucificado de San Lorenzo, haciendo ver que seguía siendo la imagen por excelencia de la feligresía. Pero no fue hasta 1949 cuando todo comenzó de nuevo. El 17 de abril de este mismo año se levanta el acta para refundar la hermandad del Santísimo Cristo de los Remedios y Benditas Almas del Purgatorio, formando parte de esta reunificación los personajes más ilustres de la sociedad cordobesa del momento, estando dentro pintores y expertos de las letras, que estaban dentro del denominado “Grupo Cántico”. Éstos mismos, querían que los estatutos aprobados en 1690 se viesen reflejados de alguna manera en los que se iban a crear de nuevo, tomándose los mismos para hacer una reinterpretación. Así, estas nuevas reglas fueron aprobadas finalmente por el obispo fray Albino el 23 de diciembre de 1949, siendo hermano mayor Francisco Torralba Molina. La primera estación de penitencia tras la refundación tuvo lugar el 19 de marzo de 1951, donde se pudo apreciar como en el cortejo ya se apostaban por enseres que se salían de lo común en relación con otras cofradías, como es el caso de los faroles de viático, en vez de cirios. Tras esto, la vida interna de la hermandad pasó por varios altibajos que casi causaron que se extinguiese de nuevo, siendo el nombre de Ricardo Ruiz Baena el referente para que de nuevo tomase fuerza la corporación. Es en el año 1972 cuando coge un nuevo relanzamiento que la lleva a evolucionar de una forma más contundente. Tanto es así, que en 1973 se estrena un nuevo paso procesional que iba a suponer que el Cristo de Ánimas pudiese salir de San Lorenzo sin tanto problema; a su vez también fue destacable la custodia de la hermandad de la Borriquita por parte de la hermandad de Ánimas, ya que la primera estaba condenada a desaparecer. Pero sin duda, el hecho más importante de esta primera mitad del siglo XX en nuestra corporación protagonista es la adquisición de la imagen de Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas en el año 1975. En este año, se visitó la población de Écija para poder adquirir un templete para la reliquia de la Santa Espina, que sin suerte en la búsqueda de ésta, finalmente volvieron con lo que tanto soñaban desde hace años atrás, tener en posesión de la hermandad una imagen titular mariana que se le pudiese dar culto y tuviese rasgos enlazados con la estética de la misma. El agradecimiento a este hecho se lo debemos a Ricardo Ruiz, Antonio Castelló y José Laguna, que con la ayuda de Miguel de Moral y Miguel Arjona, consiguieron un nuevo candelero, y ataviaron a la Virgen tal y como ellos habían pensado. La bendición de la imagen corrió a cargo del párroco, en ese momento de San Lorenzo, don Valeriano Orden. A partir de esto, los años posteriores iban a estar llenos de satisfacciones para los hermanos de Ánimas, debido a las importantes donaciones que se hicieron, en este caso para poder realizar la corona de plata de la Virgen de las Tristezas, y que hizo ver que su devoción iba imponiéndose de tal forma, que cada vez estaba más en el corazón de sus cofrades. Los años 90 del siglo XX destacan sobre todo por el mandato como hermano mayor de José Aguilera Carmona, donde se pudieron vivir momentos de gran esplendor relacionados con todo lo que se estaba creando en la propia hermandad, como es el caso del paso de la Virgen de las Tristezas, y que gracias a la manufactura de Miguel Arjona en la talla, y Antonio Castelló en los bordados, conformaron un peculiar baldaquino, que no deja indiferente a nadie. En la actualidad, la hermandad de Ánimas cuenta con más de 800 hermanos, que son representantes fieles de la devoción a su Crucificado y su madre de las Tristezas, demostrando, que a pesar de las inclemencias históricas, hay algo muy importante relacionado con esta corporación. La Hermandad de Ánimas no puede visualizarse sin la adoración al Santísimo Sacramento, éste es su carácter fundamental, al igual que no se puede obviar que la devoción al Cristo del Remedio de Ánimas, no ha sido nunca algo pasajero, ya que desde sus inicios en los siglos XVI-XVII ha demostrado con creces que San Lorenzo no se puede imaginar sin la veneración al mismo, formando parte de la historia de la parroquia y de la misma feligresía. SANTÍSIMO CRISTO DEL REMEDIO DE ÁNIMAS El Cristo de Ánimas es una imagen que siempre ha estado ubicada en la Parroquia de San Lorenzo, desde su hechura, esto nos hace ver la importancia que tenía tanto la hermandad como la imagen, recibiendo culto en la iglesia fernandina desde sus inicios. Se trata de una talla que se enclava en los finales del siglo XVI principios del XVII, debido a ese comienzo de realismo más exagerado que nos muestran las formas de la anatomía, teniendo tanto el pelo como el paño de pureza tallados, dejando ver que el autor, aún anónimo, de este crucificado, era un buen conocedor de la anatomía y fisionomía humana debido al hinchazón de algunas partes de su cuerpo. El Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas se haya envuelto en un profundo lenguaje teológico, que comienza en su propia iconografía, es decir, la de la crucifixión, siendo la misma muerte de Cristo el tema central del cristianismo, todo ello debido a un símbolo, el de la cruz. La representación de Cristo muerto en la cruz, se conoce en el mundo del arte a partir del siglo XI, ya que anteriormente los crucificados aparecían vivos. En el caso del titular cristífero de la hermandad de Ánimas, se muestra su cuerpo inerte humanamente, aunque todo lo que le rodea viene a decirnos que algo bueno se acerca. A través de las Meditaciones del Pseudo Buenaventura y las Revelaciones de Santa Brígida se pretende marcar un espíritu teológico diferente en cuanto a la muerte de Cristo en la cruz, ya que el fiel al contemplar al Salvador del mundo muerto a pesar de su divinidad, hacía pensar en sus padecimientos conmoviéndolos hasta mostrar un gran pietismo. De esta manera, se toma el símbolo de la cruz como el denominado árbol de vida, puesto que, aunque aparezca Cristo muerto en ella, su sangre redentora hará revivir las almas de aquellos que se encuentran perdidos. Por tanto, el significado de la cruz para el Remedio de Ánimas no podemos verlo como algo negativo, ya que nos transmite la valentía y esperanza del Hijo de Dios, el que dio su vida por redimir los pecados del mundo, siendo de esta forma alegoría de salvación. Por otro lado, uno de los atributos más característicos del Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas es su peculiar velo de tinieblas, que se haya rodeado de una profunda simbología relacionada con ser Cristo el principio y fin de todas las cosas. Sin embargo, hay que recordar que el momento de la muerte de Jesús, el cielo se envolvió de tenebrismo, la noche se hizo más oscura aún, desapareciendo todo rayo de luz que el sol pudiera proporcionar. Este hecho, es profetizado en el Antiguo Testamento, donde se lee en Amós, capítulo 8, versículo 9: “Aquel día, dice el Señor Yavhé, haré que se ponga el sol al mediodía, y en pleno día tenderé tinieblas sobre la tierra”. De esta manera, se vislumbra ese instante donde la oscuridad se apoderó de este fatídico hecho. También, podemos encontrar más de una referencia en el Nuevo Testamento sobre este extraño suceso climatológico, viendo en el evangelio de San Mateo esta cita: “…así será la venida del Hijo de hombre (…) después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol y la luna no dará su luz…”. Pero no se puede obviar, que tanto la luna como el sol, son un reflejo del Antiguo y Nuevo Testamento plasmado en dicho velo. La luna tiene que tomar la luz del propio sol para brillar de forma radiante, es por eso que se asemeja a la iluminación divina que el Nuevo Testamento contempla en sus escritos por ser los textos sagrados donde se describe la vida y Pasión del Hijo de Dios. El alfa y el omega de los astros, de la vida y del transcurrir de toda la cristiandad están en Cristo muerto, que se glorifica con la Resurrección. A los pies del Cristo del Remedio de Ánimas, se puede observar una calavera que está directamente relacionado con Adán, el primer hombre de la historia que fue condenado por sus pecados. Así pues, hay que destacar la leyenda que dice que justo en el lugar donde se levantó la cruz para la crucifixión, se encuentra la tumba de Adán. Esto está vinculado con la muerte redentora de Jesús, ya que si de la cabeza del primer pecador es erguida la cruz de la salvación, todos los pecados de la humanidad van a ser redimidos por el salvador, dando paso la nueva savia. En los evangelios este instante es expresado de esta manera: “La tierra tembló y se hendieron las rocas; se abrieron los monumentos, y muchos cuerpos de santos que dormían, resucitaron”. De ahí que se interprete que del propio cráneo de Adán, todos los pecados del mundo serán perdonados, resurgiendo en la vida eterna. Otros dos de los atributos innatos del crucificado de San Lorenzo son los clavos y la corona de espinas, los cuales se exponen como sendos objetos florecidos. Tres son los clavos con los que cuenta el Remedio de Ánimas, siendo realizados en forma de azucenas, de las que sus pistilos se abren en un color rojo, rojo sangre, dando así la intención de explicar que de la propia sangre que brota de estos clavos, es posible que la vida tenga lugar; al igual que ocurre con la corona de espinas, ya que en ella aparecen rosas incrustadas en las mismas. Todo ello es un claro ejemplo de positividad ante el momento de la muerte, prevaleciendo el milagro de la salvación. La sangre de Cristo es mostrada en la Eucaristía como agua vivificadora de redención, que con el tiempo se convertirá en linaje misericordioso, por lo que lo único que puede nacer de ella es vida, como las azucenas puras de los clavos. De igual importancia son los ángeles pasionarios que se encuentran en las esquinas del paso procesional del Señor, mostrándose como figuras robustas e impresionantes, con unas formas totalmente barrocas, sujetando cada uno, atributos de la pasión de Cristo. Su expresión es de una angustia y dolor agudo, con un carácter desgarrador y desosegado. La factura de estos angelotes estuvo a cargo del imaginero y escultor valenciano Amadeo Ruiz Olmos, siendo realizados en madera de naranjo y mostrando, que a pesar de ser un artista poco relacionado con el carácter más divino de la imaginería, supo captar el lenguaje de la cofradía. Este crucificado tiene una estética totalmente tenebrista, relacionada con el estudio realizado por todos los literatos y artistas que tuvieron que ver con la fundación de la hermandad en los años 50 del siglo XX. Dentro de esta estética es destacable como el pelo tapa una zona del rostro de Jesús, relacionándose esto con la parte divina del Mesías, esa que no se ve pero que se siente, poniéndonos en relación con el ser divino que es, su aceptación como Hijo de Dios; mientras tanto, la otra zona del rostro que si es perceptible a los ojos de los fieles, nos habla de esa parte humana del Salvador, en el que muestra las debilidades e imperfecciones, que como hombre humano, tuvo nuestro Señor, acercándonos de manera terrenal a su mensaje. NUESTRA SEÑORA MADRE DE DIOS EN SUS TRISTEZAS La Virgen de las Tristezas es la titular mariana de la corporación de San Lorenzo, siendo adquirida en un anticuario de la localidad sevillana de Écija en el siglo XX. Se trata de una imagen con estética totalmente dolorosa, con las manos unidas en actitud de oración, y de su rostro penden lágrimas haciendo alusión a su advocación y sentimiento. Es una talla que está atribuida al imaginero antequerano Antonio del Castillo, del siglo XVII y que muestra la estética relacionada con la escuela granadina, debido a su policromía y facciones. La vestimenta tan peculiar de nuestra titular mariana está extraída de un retrato en el que aparece la hija de los reyes católicos, Juana I de Castilla, más conocida como Juana “La Loca”, en el momento del fallecimiento de su esposo Felipe I de Castilla. De esta forma se ensalza ese luto tan riguroso que la princesa llevó en este momento tan delicado y que nos pone directamente en relación con el sufrimiento de las Madre de Dios ante la muerte de su hijo. Los ángeles siempre han sido los grandes acompañantes en el papel evangelizador en la vida de Jesús y su Madre. En el caso de María, es reivindicada como reina de todos los ángeles, ya que acompañaron a la Madre de Dios en momentos tan importantes como su gloriosa asunción a los cielos o en el anuncio de la venida de su Hijo. Hay un ámbito, como es el de las hermandades, donde iconográficamente aparecen nuestros protagonistas, siendo fieles compañeros de la Virgen María. Y en concreto, uno de los pasos procesionales que más relacionado está con estos seres celestiales es el de Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas, el cual se encuentra rematado por una corona en su baldaquino, totalmente flaqueada en sus esquinas por distintos ángeles, haciendo una clara alusión a su nombramiento como Reina de los Ángeles. Aunque hay que tener claro, que la titular mariana de la Hermandad de Ánimas también quiere mostrarnos una segunda lectura referida tanto a la advocación principal de la hermandad, como al requerimiento de sus ideas fundacionales: ser siempre un camino para aquellas almas perdidas que buscan la luz eterna. En este sentido, si comenzamos por las esquinas de los respiraderos del paso, aparecen los cuatro arcángeles principales, que cada uno tiene una lectura distinta y a la vez en común. En primer lugar, nos encontramos con el Arcángel San Gabriel, el mensajero de las bienaventuranzas de Dios. Su nombre significa “hombre” referido esto a su anuncio de la venida de Jesucristo, aunque también es denominado como “el que está delante de Dios”. En la mayoría de casos actúa como anunciador del comienzo de la era mesiánica al dar la buena nueva de los nacimientos tanto de Jesucristo como de Juan el Bautista. Su representación iconográfica principalmente es portando una vara de azucenas, símbolo de la pureza del alumbramiento de María. Pero en este caso, en nuestro paso procesional nos hace alusión a la importancia que tiene la Madre de Dios como clara intercesora en las almas perdidas, ya que Gabriel siempre se encuentra directamente relacionado con la positividad de las encomendaciones hechas a María, pues sin su fuerza, no sería posible reconducir nuestro camino tras dejar la vida terrenal. Por otro lado, tenemos al que es sin duda uno de los personajes mayormente relacionado con las almas del purgatorio, estamos hablando del Arcángel San Miguel. Es el denominado “príncipe” de los ángeles, el que es “Quien como Dios”, apareciendo en la lucha contra el mal durante el Juicio Final; y a su vez es el intercesor celestial y protector de los cristianos. Se sabe que a través de un escrito apócrifo titulado Visio Pauli, a Miguel se le ha visto como un “Psicopompos”, es decir, el que conduce a las almas hacia el cielo, del que es guardián. Sin embargo, como “Praepositus paradisi”, viene a refererirse a él como jefe del paraíso, Miguel decide si un alma entra o no en el cielo. Por eso, en más de una ocasión se le ha venido representando como pesador de las ánimas. Iconográficamente viste armadura, como alusión a su función de guerrero celestial, venciendo a un dragón que representa el mal. Por tanto, aquí, este príncipe de los ángeles es el jefe supremo de las almas que están perdidas, eligiendo su destino final. Otro de los arcángeles protagonistas que aparecen en este baldaquino es San Rafael, figura muy importante, no sólo por su historia con nuestra ciudad de Córdoba como protector incondicional de la misma, ya que tal y como su nombre indica “Medicina de Dios”, es considerado sanador de almas. Es uno de los siete ángeles que llevan a Dios las oraciones de los devotos; también se le considera como uno de los cuatro arcángeles del juicio a los hombres. Es destacable, como a través de la tradición bíblica a Rafael se le alaba como predicador de la llegada del Mesías y a su vez como protector de las almas de los difuntos. Sus atributos principales son el bastón de peregrino, un niño de la mano, referido al joven Tobías, y un pez. Es a partir del siglo VI d. C. cuando Rafael desempeña el papel de asistente celestial junto al trono de Jesús y María, por lo que estamos ante uno de los ángeles que conduce a las almas hacia la protección divina. El cuarto y último arcángel que aparece reflejado en el baldaquino de la Virgen de las Tristezas es San Uriel, uno de los ángeles con más ámbito espiritual de la corte celestial. Su nombre significa “luz o fuego de Dios” por tanto, ya nos pone en relación con ese carácter cósmico que tiene. Siempre ha sido considerado el jefe de las luces celestiales y señor del cosmos y los infiernos, en donde vigila a los ángeles caídos. No es un ángel que aparezca nombrado en la propia Biblia, pero si tenemos que hablar de su aparición en el Zohar, Libro del Resplandor, una obra principal de la cabalística, en donde es denominado como el guardián de todos los sacrificios ofrecidos a Dios. Dentro de los evangelios apócrifos nos encontramos con su nombre, ya que es el que conduce a los muertos ante el Juicio Final, urgiendo así su penitencia. En la iconografía cristiana es mostrado principalmente portando una espada de fuego en sus manos. De esta manera, Uriel reconduce toda la positividad posible a las almas, haciéndolas llevar consigo bienestar por llegar hasta el Altísimo. Finalmente, este peculiar paso es coronado por cuatro ángeles en su remate, que en este caso son anunciadores de la figura propia de María, en su advocación de las Tristezas, viniendo a considerar y alabar que Nuestra Señora Madre de Dios en sus Tristezas en una clara intercesora de las almas del purgatorio, siendo ayudada por esa corte celestial que permite llevar paz, y sobre todo luz a esas ánimas perdidas que no son capaces de llegar hasta la Gloria Eterna, y en consecuencia, cuando se observe este baldaquino, no solo podemos mirarlo como una obra de arte relacionado con la hermandad de Ánimas, sino también como un mensaje de esperanza y salvación a través de la Madre de Dios, que es la que de manera incondicional se encuentra en el camino de los cristianos cuando están perdidos, tomando como ayudantes a los enviados celestiales de Dios, reconduciendo así nuestro espíritu en momentos de dificultad. En conclusión, María es ese apoyo ante la desesperación y por supuesto, ante la tristeza de nuestra alma. HÁBITO NAZARENO Túnica y cubre rostro negro, escapulario y zapatillas de cáñamo. INSIGNIAS DESTACADAS Cruz de Guía, anónima y sin datar. Estandarte de Cristo (1992) con bordados antiguos pasados por Antonio Castelló y pintura de Rafael Medina. Calavera coronada, símbolo de la muerte reinante en el mundo hasta la redención de Cristo, tiene corona de plata de ley del siglo XVIII. Libro de Reglas, que contiene los Estatutos de 1690, con orfebrería de plata antigua sobre terciopelo rojo. Estandarte sacramental (1987) bordado en oro por Antonio Castelló. Palio de Respeto, tras el paso del Señor, con bordados antiguos en oro pasados en 1956. Bandera de damasco negro en señal de duelo. Paño de Verónica (1998) obra de Miguel del Moral. Estandarte de la Virgen, con bordados antiguos pasados por las Filipenses y pintura de Rafael Medina. Fuente: http://remediodeanimas.es

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